domingo, 20 de noviembre de 2016

1ª actividad P2P

SITUACIÓN DE VICTIMIZACIÓN TIPO PASIVO:

a)  Descripción del problema y situación de la clase y los protagonistas:
            Nos encontramos ante un grupo de 64 alumnos con un ambiente de clase, en general, adecuado, pero en el que tras el análisis de un heteroinforme, llevado a cabo con la herramienta SociEscuela, se ha descubierto la existencia de 4 alumnos con un elevado riesgo de bullying ( se trata de los alumnos 26, 34, 56 y 16). De ellos, los alumnos 26, 34 y 56 presentan un gran aislamiento, con más de 10 testigos que así lo confirman, mientras que el alumno 16 presenta dificultades para entablar relaciones sociales, aunque el porcentaje de rechazo del resto de sus compañeros no es muy elevado.

            Por otro lado, 5 alumnos (los alumnos 51, 21, 1, 41 y 11) muestran gran aceptación dentro del grupo, por lo que serán los alumnos adecuados para tender conexiones emocionales con las víctimas a través de la colaboración entre iguales. Son los llamados alumnos prosociales.

            Por último, de acuerdo a los datos extraídos del heteroinforme, se descartan situaciones de cyberbullying o acoso a través de las Tecnologías de la Información y la Comunicación.

             Del análisis de los heteroinformes extraemos que tres de los alumnos ( los alumnos 26, 34 y 16) son víctimas pasivas, pues son tímidos y tranquilos y no manifiestan conductas violentas, mientras que el alumno 56 es una víctima activa, con cierta aceptación dentro del grupo.

            El objetivo será intentar hacer uso de los alumnos prosociales para reforzar a las víctimas y mejorar su comunicación y sus habilidades sociales, debilitando de esta manera a los acosadores, lo que redundará en una convivencia más positiva en el aula.

 b)Pautas de intervención:

Diferenciaremos entre los alumnos víctimas pasivos y activos.

1.      Víctimas pasivas: se trata de los alumnos 26, 34 y 16. Nos entrevistaremos individualmente con ellos para conocer sus impresiones, preguntarles por sus sensaciones en el grupo, así como por sus mayores apoyos en el mismo. En todo momento les transmitiremos confianza y colaboración, así como procederemos a indagar información sobre su contexto familiar. Les preguntaremos también sobre su compatibilidad con los alumnos prosociales de la clase y pasaremos a establecer grupos de ayuda entre iguales.

Así, intentaríamos sentar a la víctima en clase junto a dos o tres alumnos prosociales, para que estos actúen de escudo protector de la víctima y la ayuden a integrarse en el grupo. Para ello, previamente estableceríamos una entrevista con los alumnos prosociales, haciéndoles ver su importancia como elemento cohesivo del grupo y lo beneficioso que sería que canalizaran su aptitud de liderazgo a fomentar la convivencia del grupo, minimizando las situaciones de acoso, mostrando su cariño y comprensión hacia la víctima. Les daríamos algunas pautas para guiar su actuación y les instaríamos a evitar dejar a las víctimas desprotegidas cuando la figura docente se ausente de la clase o cuando la víctima se encuentre fuera del aula pero dentro del recinto escolar.

Por último, sería importante también impulsar las habilidades sociales de las víctimas, bien a través de profesores especializados o instándolas a participar en diferentes proyectos del centro.

En todo este proceso es clave la figura de los alumnos prosociales.

2.      Víctimas activas: en este caso se trata de un único alumno (el alumno 56). Aunque no presenta excesivas dificultades para entablar relaciones sociales, parece que las canaliza de forma inadecuada, por lo que genera rechazo. Para este alumno, además de la entrevista personal, en la que se conocerían de cerca sus impresiones y su contexto socio-familiar, intentaríamos enseñarle a transformar su agresividad en positividad, así como sería adecuado fortalecer sus habilidades sociales.

Al igual que con las víctimas pasivas, la ayuda de los alumnos prosociales será fundamental para evitar que la víctima se sienta desamparada. Por ello, sondearíamos su afinidad con los cinco alumnos prosociales del grupo, eligiéndose a dos o tres de ellos, que arroparían a la víctima, tanto en el aula como fuera de la misma. Ello redundará en un aumento de la confianza de la misma y actuará como elemento disuasorio para con los acosadores.

 c) Seguimiento de la intervención:

Es necesario comprobar que las medidas adoptadas han sido eficaces. Para ello, podríamos ejecutar las siguientes pautas:

1.      Entrevistar semanal o quincenalmente a las víctimas para que nos hablen de sus impresiones y sentimientos en el seno del grupo.

2.      Hablar cada una o dos semanas con los alumnos prosociales que lideran el grupo de ayuda entre iguales. De esa manera tendremos elementos de juicio externos a la víctima, por lo que conoceremos si la situación de la misma ha cambiado tras la intervención.

3.      Entrevista con el tutor y/o los profesores del grupo para conocer sus impresiones acerca del grupo ( sondear si han detectado algunos cambios en el mismo tras la intervención).

4.      Entrevista con las familias de las víctimas para conocer de primera mano si el estado de ánimo y las impresiones de sus hijos son más positivos.


5.      Elaboración de un nuevo sociograma ( quizá a los dos o tres meses de la intervención), para ratificar si la situación ha cambiado en el seno del grupo.

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