SITUACIÓN DE VICTIMIZACIÓN TIPO
PASIVO:
a) Descripción
del problema y situación de la clase y los protagonistas:
Nos encontramos ante un grupo de 64
alumnos con un ambiente de clase, en general, adecuado, pero en el que tras el análisis
de un heteroinforme, llevado a cabo con la herramienta SociEscuela, se ha
descubierto la existencia de 4 alumnos con un elevado riesgo de bullying ( se
trata de los alumnos 26, 34, 56 y 16). De ellos, los alumnos 26, 34 y 56
presentan un gran aislamiento, con más de 10 testigos que así lo confirman,
mientras que el alumno 16 presenta dificultades para entablar relaciones
sociales, aunque el porcentaje de rechazo del resto de sus compañeros no es muy
elevado.
Por otro lado, 5 alumnos (los
alumnos 51, 21, 1, 41 y 11) muestran gran aceptación dentro del grupo, por lo
que serán los alumnos adecuados para tender conexiones emocionales con las
víctimas a través de la colaboración entre iguales. Son los llamados alumnos prosociales.
Por último, de acuerdo a los datos
extraídos del heteroinforme, se descartan situaciones de cyberbullying o acoso
a través de las Tecnologías de la Información y la Comunicación.
Del análisis de los heteroinformes
extraemos que tres de los alumnos ( los alumnos 26, 34 y 16) son víctimas
pasivas, pues son tímidos y tranquilos y no manifiestan conductas violentas,
mientras que el alumno 56 es una víctima activa, con cierta aceptación dentro del grupo.
El
objetivo será intentar hacer uso de los alumnos prosociales para reforzar a las
víctimas y mejorar su comunicación y sus habilidades sociales, debilitando de esta manera a los acosadores, lo que redundará en una convivencia más positiva en el aula.
b)Pautas
de intervención:
Diferenciaremos
entre los alumnos víctimas pasivos y activos.
1.
Víctimas pasivas: se trata de los alumnos 26, 34 y
16. Nos entrevistaremos individualmente con ellos para conocer sus impresiones,
preguntarles por sus sensaciones en el grupo, así como por sus mayores apoyos
en el mismo. En todo momento les transmitiremos confianza y colaboración, así
como procederemos a indagar información sobre su contexto familiar. Les
preguntaremos también sobre su compatibilidad con los alumnos prosociales de la
clase y pasaremos a establecer grupos de ayuda entre iguales.
Así,
intentaríamos sentar a la víctima en clase junto a dos o tres alumnos
prosociales, para que estos actúen de escudo protector de la víctima y la
ayuden a integrarse en el grupo. Para ello, previamente estableceríamos una
entrevista con los alumnos prosociales, haciéndoles ver su importancia como
elemento cohesivo del grupo y lo beneficioso que sería que canalizaran su
aptitud de liderazgo a fomentar la convivencia del grupo, minimizando las
situaciones de acoso, mostrando su cariño y comprensión hacia la víctima. Les
daríamos algunas pautas para guiar su actuación y les instaríamos a evitar
dejar a las víctimas desprotegidas cuando la figura docente se ausente de la
clase o cuando la víctima se encuentre fuera del aula pero dentro del recinto
escolar.
Por
último, sería importante también impulsar las habilidades sociales de las
víctimas, bien a través de profesores especializados o instándolas a participar
en diferentes proyectos del centro.
En
todo este proceso es clave la figura de los alumnos prosociales.
2.
Víctimas activas: en este caso se trata de un único
alumno (el alumno 56). Aunque no presenta excesivas dificultades para entablar
relaciones sociales, parece que las canaliza de forma inadecuada, por lo que
genera rechazo. Para este alumno, además de la entrevista personal, en la que
se conocerían de cerca sus impresiones y su contexto socio-familiar,
intentaríamos enseñarle a transformar su agresividad en positividad, así como
sería adecuado fortalecer sus habilidades sociales.
Al igual
que con las víctimas pasivas, la ayuda de los alumnos prosociales será fundamental
para evitar que la víctima se sienta desamparada. Por ello, sondearíamos su
afinidad con los cinco alumnos prosociales del grupo, eligiéndose a dos o tres
de ellos, que arroparían a la víctima, tanto en el aula como fuera de la misma.
Ello redundará en un aumento de la confianza de la misma y actuará como
elemento disuasorio para con los acosadores.
c) Seguimiento
de la intervención:
Es necesario comprobar que las
medidas adoptadas han sido eficaces. Para ello, podríamos ejecutar las
siguientes pautas:
1.
Entrevistar
semanal o quincenalmente a las víctimas para que nos hablen de sus impresiones
y sentimientos en el seno del grupo.
2.
Hablar
cada una o dos semanas con los alumnos prosociales que lideran el grupo de
ayuda entre iguales. De esa manera tendremos elementos de juicio externos a la
víctima, por lo que conoceremos si la situación de la misma ha cambiado tras la
intervención.
3.
Entrevista
con el tutor y/o los profesores del grupo para conocer sus impresiones acerca
del grupo ( sondear si han detectado algunos cambios en el mismo tras la
intervención).
4.
Entrevista
con las familias de las víctimas para conocer de primera mano si el estado de
ánimo y las impresiones de sus hijos son más positivos.
5.
Elaboración
de un nuevo sociograma ( quizá a los dos o tres meses de la intervención), para
ratificar si la situación ha cambiado en el seno del grupo.
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